32 sonajeros. "32 Rattles".

Barro. Clay.

2020.

32 sonajeros habla de las reservas ováricas que se almacenan en el cuerpo de la mujer y cómo éstas se van desprendiendo, óvulo a óvulo, en cada menstruación. La idea de esta pieza parte de que durante su etapa reproductiva, la mujer produce un promedio de 400 óvulos, lo que significa que hay más de 400 oportunidades de vida almacenadas en los ovarios.

La artista retoma este concepto y lo materializa a través de la elaboración de 32 huevos de arcilla. En los huevos, elemento esencial en el que se gesta la vida, están depositados los 400 óvulos en forma de pequeñas esferas de barro. A través del sonido de las esferas, que van menguando de 13 en 13 como lunas tiene un año, se invoca la pérdida y el paso del tiempo desde la plenitud de la pubertad (todas las esferas), hasta el vacío de la menopausia (ninguna esfera). Inspirado en los ritos de astronomía paleolíticos, donde los huesos mostraban secuencias de 28 puntos en una clara alusión a los ciclos lunares, cada sonajero está surcado por pequeñas incisiones en forma de puntos que dan registro al conteo de las lunaciones.

  

Sonajeros es una llamada al paso del tiempo a través del ritual del desprendimiento menstrual en el que, luna tras luna, se va generando o desprendiendo la vida.

"32 Rattles" talks about the ovarian reserves that are stored in the woman's body and how these are released, egg by egg, with each menstruation. The idea of ​​this piece starts from the fact that during her reproductive stage, the woman produces an average of 400 eggs, which means that there are more than 400 opportunities of life stored in the ovaries.

The artist takes up this concept and materializes it through the production of 32 clay eggs. In the eggs, an essential element in which life is born, the 400 eggs are deposited in the form of small clay spheres. Through the sound of the spheres, the loss and passage of time is invoked, from the fullness of puberty (all spheres), to the emptiness of menopause (no sphere). Inspired by paleolithic astronomy rites, where the bones showed sequences of 28 points in a clear allusion to the lunar cycles, each rattle is furrowed by small incisions in the form of points that record the count of the lunations. Rattles is a call to the passage of time through the ritual of menstrual detachment in which, moon after moon, life is generated or detached.

 

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